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Las Mejores 88 Frases de Juan Rulfo

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno es un escritor mexicano originario del estado de Jalisco. Y es uno de los grandes referentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Juan Rulfo se convirtió en una leyenda de la escritura gracias a sus tres máximas creaciones literarias: Pedro Páramo, El Gallo de Oro y el Llano en Llamas.

Y es por eso que en Inspiraame te compartimos las mejores frases del famoso escritor mexicano Juan Rulfo. Esperamos que alguna de estas frases los inspiren o les ayuden en alguno de sus momentos difíciles de la vida.

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Las Mejores Frases cortas de Juan Rulfo

  1. No se puede contra lo que no se puede. – Juan Rulfo
  2. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. – Juan Rulfo
  3. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. – Juan Rulfo
  4. Sólo yo sé lo lejos que está el cielo de nosotros, pero sé cómo acortar veredas. – Juan Rulfo
  5. ¿Por qué no simplemente la muerte y no esa música tierna del pasado? – Juan Rulfo
  6. Me gustas más cuando te sueño, entonces hago de ti lo que quiero. – Juan Rulfo
  7. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas. – Juan Rulfo
  8. Se conoce que lo arrastraba el ansia. Y el ansia siempre deja huella. – Juan Rulfo
  9. El sueño es un buen colchón para el cansancio. – Juan Rulfo
  10. ¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. – Juan Rulfo
  11. El alma es antípoda del cuerpo, y así amanece para ella cuando anochece para él. – Juan Rulfo
  12. Pero ¿por qué las mujeres siempre tienen una duda? ¿Reciben avisos del cielo, o qué? – Juan Rulfo
  13. Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo. – Juan Rulfo
  14. Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja. – Juan Rulfo
  15. No existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague… – Juan Rulfo
  16. Tendré que oírlo, hasta que se le muera su voz. – Juan Rulfo
  17. Me mataron los murmullos – Juan Rulfo

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Más frases de Juan Rulfo

  1. La gente se muere dondequiera. Los problemas humanos son iguales en toda partes. – Juan Rulfo
  2. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. – Juan Rulfo
  3. Los problemas sociales se pueden plantear de una manera artística. Es difícil evadir de una obra el problema social, porque surgen estados conflictivos, que obligan al escritor a desarrollarlo. – Juan Rulfo
  4. Siempre anduve paseando mi amor por todas partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente. – Juan Rulfo
  5. Sólo yo entiendo lo lejos que está el cielo de nosotros; pero conozco cómo acortar las veredas. Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga. O, si tú quieres, forzarlo a disponer antes de tiempo. – Juan Rulfo
  6. Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y dio kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y fin de todas las cosas. (despedida de misiva a Clara Aparicio, su esposa) – Juan Rulfo
  7. Y abrí la boca para que se fuera (mi alma). Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón. – Juan Rulfo
  8. Era la época en que el maíz ya estaba por pizcarse y las milpas se veían secas y dobladas por los ventarrones que soplan por este tiempo sobre el Llano. Así que se veía muy bonito ver caminar el fuego en los potreros; ver hecho una pura brasa casi todo el Llano en la quemazón aquella, con el humo ondulado por arriba; aquel humo oloroso a carrizo y a miel, porque la lumbre había llegado también a los cañaverales. – Juan Rulfo
  9. Porque la verdad es que te conozco de vista desde hace mucho tiempo, pero me gustas más cuando te sueño. Entonces hago de ti lo que quiero. – Juan Rulfo
  10. Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas. – Juan Rulfo
  11. Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. – Juan Rulfo
  12. Me acordé de lo que me había dicho mi madre: «Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.» Mi madre… La viva» – Juan Rulfo
  13. Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de la saponarias. – Juan Rulfo
  14. Estas charlas que yo tengo con mi conciencia son a veces muy largas, duran días enteros; por eso no resulta que me pongo a contártelas en esta pobre carta. De verdad, cuídate mucho, como y duerme bien y sueña con los angelitos y no en esta cosa maligna que soy yo. Pero no me olvides. – Juan Rulfo
  15. Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague. – Juan Rulfo
  16. El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él’. Pensé: ‘No regresará jamás; no volverá nunca. – Juan Rulfo
  17. Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde tan lejano. – Juan Rulfo
  18. El que camina un minuto sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral. (frase de Walt Whitman dedicada a su esposa Clara) – Juan Rulfo
  19. Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. – Juan Rulfo
  20. Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul y detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces… Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar. – Juan Rulfo
  21. Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. – Juan Rulfo

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Otras Frases de el escritor mexicano Juan Rulfo

  1. Nadie de los que todavía vivimos está en gracia de Dios. Nadie podrá alzar sus ojos al cielo sin sentirlos sucios de vergüenza. – Juan Rulfo
  2. Ella no se imaginaba a la muerte sino de un modo tranquilo: tal como un río que va creciendo paso a paso, y va empujando las aguas viejas y las cubre lentamente; más sin precipitarse como lo haría un arroyo nuevo. – Juan Rulfo
  3. Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios? – Juan Rulfo
  4. Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden. – Juan Rulfo
  5. Apréndete esto, hijo: en el nidal nuevo hay que dejar un huevo. Cuando te aletié la vejez aprenderás a vivir, sabrás que los hijos se te van, que no te agradecen nada; que se comen hasta tu recuerdo. – Juan Rulfo
  6. Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, ya cada que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti. – Juan Rulfo
  7. Pero, ¿por qué las mejores siempre tienen una duda? ¿Reciben avisos del cielo o qué? – Juan Rulfo
  8. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren al llegar al infierno regresan por su cobija. – Juan Rulfo
  9. Yo sé cómo le brillaban antes los ojos como si fueran charcos alumbrados por la luna. Pero de pronto se destiñeron, se le borro la mirada como si la hubieran revolcado en la tierra. – Juan Rulfo
  10. ¿Ya murió? ¿Y de qué? -No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho. -Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. – Juan Rulfo
  11. Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños. – Juan Rulfo
  12. Nadie te hará daño nunca, hijo. Estoy aquí para protegerte. Por eso nací antes que tú y mis huesos se endurecieron primero que los tuyos. – Juan Rulfo
  13. Él creía conocerla. Y aun cuando no hubiera sido así, ¿acaso no era suficiente saber que era la criatura más querida por él sobre la tierra? – Juan Rulfo
  14. Sólo las lagartijas buscan la misma covacha hasta cuando mueren. Dí que te fue bien y que conociste mujer y que tuviste hijos, otros ni siquiera han tenido eso en su vida, han pasado como las aguas de los ríos, sin comerse ni beberse. – Juan Rulfo
  15. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. – Juan Rulfo
  16. Tan peligrosa es la mocedad por sus excesos como la vejez por sus ataques. – Juan Rulfo
  17. Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. – Juan Rulfo
  18. Sé que, a veces, cuando me examino el alma, la siento un poco quebrada. – Juan Rulfo
  19. No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre – Juan Rulfo
  20. Desgraciadamente, yo no tuve quien me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí. – Juan Rulfo
  21. Mi boca se hunde, retorciéndose en muecas, perforada por los dientes que la taladran y devoran. La nariz se reblandece. La gelatina de los ojos se derrite. Los cabellos arden en una sola llamarada. – Juan Rulfo

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Otras frases de Juan Rulfo para inspirarte

  1. Pienso cuando maduraban los limones. En el viento de febrero que rompía los tallos de los helechos, antes que el abandono los secara; los limones maduros que llenaban con su olor el viejo patio. – Juan Rulfo
  2. Chiquilla: ¿Sabes una cosa? He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños. – Juan Rulfo
  3. Estas pláticas que yo tengo con mi conciencia son a veces muy largas, duran días enteros; por eso no resulta que me ponga a contártelas en esta pobre carta. – Juan Rulfo
  4. Ese sueño que eres tú todavía dura. Durará siempre, porque siento como que estás dentro de mi sangre y pasas por mi corazón a cada rato. – Juan Rulfo
  5. Te cansarás primero que yo. Llegaré a donde quieres llegar antes que tú estés allí -dijo el que iba detrás de él-. Me sé de memoria tus intenciones, quién eres y de dónde eres y adónde vas. Llegaré antes que tú llegues. – Juan Rulfo
  6. Tú y yo de la mano como dos buenos amigos; como dos buenos compañeros, unidos para caminar sobre el ancho mundo. Y que no bajen las nubes, que nunca bajen sobre nosotros. Tú, aire de las colinas, las espantarás con esa virtud de que estás llena – Juan Rulfo
  7. El tiempo es más pesado que la más pesada carga que puede soportar el hombre. – Juan Rulfo
  8. La imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde se cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape, y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. – Juan Rulfo
  9. Sueño con la tranquilidad que, según yo, es la mayor riqueza del hombre. Espero la magia de otras noches porque yo soy un tecolote. Todo lo hago de noche. – Juan Rulfo
  10. ¡Que se le pudra en los riñones la sangre que le di!” Lo dije desde que supe que usted estaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente. – Juan Rulfo
  11. La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas. – Juan Rulfo
  12. Mi madre se llamaba María Vizcaíno y estaba llena de bondad, tanta, que su corazón no resistió aquella carga y reventó. No, no es fácil querer mucho, Juan. – Juan Rulfo
  13. Me haré a la idea de que te soñé –dijo-. Porque la verdad es que te conozco de vista desde hace mucho tiempo, pero me gustas más cuando te sueño. Entonces hago de ti lo que quiero. No como ahora que, como tú ves, no hemos podido hacer nada. – Juan Rulfo
  14. La Piedra blanca, el aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por allí es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer. – Juan Rulfo
  15. Estoy comenzando a pagar. Más vale empezar temprano, para terminar pronto. – Juan Rulfo
  16. Yo lloro, sabes, lloro a veces por tu amor. Y beso pedacito a pedazo cada parte de tu cara y nunca acabo de quererte. – Juan Rulfo
  17. Se trabaja con imaginación, intuición y una verdad aparente; cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer. Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar. – Juan Rulfo
  18. Todo escritor que crea es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. – Juan Rulfo
  19. Concretando: se trabajo con imaginación, intuición y una verdad aparente; cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer. – Juan Rulfo
  20. Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. – Juan Rulfo
  21. Y ustedes y yo y todos sabemos que el tiempo es más pesado que la más pesada carga que puede soportar el hombre. – Juan Rulfo
  22. «Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre luz sin lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que hay ahora. Era el mismo momento. Yo aquí, junto a la puerta mirando el amanecer y mirando cuando te ibas, siguiendo el camino del cielo; por donde el cielo comenzaba a abrirse en luces, alejándote, cada vez más desteñida entre las sombras de la tierra. »Fue la última vez que te vi. Pasaste rozando con tu cuerpo las ramas del paraíso que está en la vereda y te llevaste con tu aire sus últimas hojas. Luego desapareciste. Te dije: «¡Regresa Susana!»» Pedro Páramo siguió moviendo los labios, susurrando palabras. Después cerró la boca y entreabrió los ojos, en los que se reflejó la débil claridad del amanecer. Amanecía. – Juan Rulfo
  23. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. – Juan Rulfo
  24. Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimidos mis labios. – Juan Rulfo
  25. Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupan como van amontonándose los años. – Juan Rulfo
  26. Me enterraron en tu misma sepultura y cupe muy bien en el hueco de tus brazos. Aquí en este rincón donde me tienes ahora. Sólo se me ocurre que debería ser yo la que te tuviera abrazado a ti. ¿Oyes?. Allá afuera está lloviendo. – Juan Rulfo
  27. El cielo está tan alto, y mis ojos tan sin mirada, que vivía contenta con saber dónde quedaba la tierra. – Juan Rulfo
  28. Pero los caminos de ella eran más largos que todos los caminos que yo había andado en mi vida y hasta se me ocurrió que nunca terminaría de quererla. – Juan Rulfo
  29. Mi madre murió entonces. Que yo debía haber gritado: que mis manos tenían que haberse hecho pedazos estrujando su desesperación. Así hubieras tú querido que fuera. ¿Pero acaso no era alegre aquella mañana? – Juan Rulfo

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